"Anarquía sobre ruedas"
Ya corría la primavera en el barrio de Núñez, en 1999, ya estaba cerca el comienzo de un nuevo siglo, pero más cerca se encontraba una historia trágica protagonizada por la imprudencia al volante.
Sebastián era un joven fanático de los autos, de las bicicletas y, como todo hincha de River, del fútubol. Él solía disfrutar de las noches manejando su Honda Civic a altas velocidades compitiendo con otros jóvenes en las calles que rodean la cancha de River, pero nunca pensó que su pasión por la velocidad lo iba a llevar ante un juez.
Un jueves treinta de septiembre de ese año por la tarde, Sebastián volvía de recoger su auto del mecánico, un auto que tenía motor nuevo, el cual Sebastián tenía intenciones de estrenar. El sol se estaba ocultando, y las calles estaban vacías, la temperatura era ideal, en el cielo solo se observaban la luna y las estrellas, era el escenario perfecto para una noche de picadas, pero lo que lo hacía más perfecta era el recital de Metállica que se llevaba a cabo en River, el cual centraba gran atención policial.
Con su renovado Honda Civic, Sebastián esperaba encontrarse con sus compañeros de picadas, a quienes pretendía impresionar a través de la velocidad. El momento había llegado, él ya estaba corriendo la picada frente a un Peugeot 206, el cual estaba delante de él, Sebastián tomó la decisión, sin dudar, de exigir el auto al máximo, a tal punto de superar la barrera de los doscientos kilómetros por hora, lo cual lo estaba exaltando de felicidad. A esa velocidad, en avenida Libertadores, Sebastián visualizó dos luces rojas por delante de su trayectoria, eran tan rojas como la sangre, tan intimidantes como "Entersandman" y tan brillantes como la luna. No hubo tiempo de esquivar y, por lo tanto, el desastre era inevitable, solo cadáveres que adornaban la escena.
A fin de cuentas, se determinó que Sebastián estaría solo tres años bajo prisión, los cuales ya cumplió. Para él fue macho mayor la condena social que la jurídica; pero, a pesar de todo, parecía no tener límites ya que sus manos no estaban atadas más que al volante de su nuevo auto. Sin embargo, en su consciencia siempre estarán Celia y Vanina, una madre y una hija que fueron asesinadas por la imprudencia.
Leandro Agüero.